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lunes, 20 de febrero de 2012

Sin puntos suspensivos.


Ana Karen Pérez.

Un polvo blanco dibuja su mente, huir, escapar de la realidad como sabe hacerlo es lo único que desea. Despedirse, decir adiós siempre le ha costado trabajo; no saber hacerlo y con su tan explosivo carácter la lleva siempre a extremos. La imagen de esos copos de nieve, esa sensación de ardor y amargura es lo que quiere para tranquilizarse.

La historia en la que plasmo sus mejores palabras, las más finas, las más bellas, las de más sentido, las que salieron del fondo de su corazón, las que en ocasiones le dolieron y en otras la hicieron feliz, ya no tenían mayor sentido, ese libro dónde plasmo sueños, ilusiones y amor, se lo habían llevado, la habían despojado de él, no sabía si porque era una buena historia o porque era tan mala que no merecía conocerla nadie más…

Era de noche cuando llegó a su casa, desesperada se encontraba buscando esas paginas donde había escrito su vida, la mejor parte de toda su vida… lo conoció hace casi tres años atrás, el destino los puso en el mismo camino y las causalidad se encargaron de unirlos hasta la mañana de hoy.

La noche la pasaron juntos, pero no hubo amor, amor carnal, pasional, un pequeño abrazo hasta que ella quedo rendida por el sueño, sueño que no llego sino hasta altas horas de la madrugada; ya levantado el sol, ella despertó primero, lo observo durmiendo y se lleno de ternura, le acariaba el rostro y pasaba sus dedos por su cabellos negros y lacios, le cuidaba los  últimos minutos de sueño que tendría a su lado. Cuando despertó, no hubo besos, ni abrazos tampoco un –buenos días-, él después de algunos minutos se levanto y se fue, en sus manos iban esa paginas que durante tres años fueron escritas, la parte de esa novela que nadie leerá jamás.

Su final, no tuvo despedida, a su final, como diría Sabina, “no le quedan tres puntos suspensivos”.