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viernes, 31 de diciembre de 2010

Feliz Año Nuevo

Se dice que cuando comienza el año, todo lo que paso se deje atrás, pero ¿cómo es posible dejar atrás lo que te paso a unas horas de que éste termine?

Barres tu casa hacía fuera porque el fenshui así lo recomienda, sacas las maletas o las pones detrás de la puerta, usas chones amarillos para el dinero o rojos para el amor, o quizá bra amarillo  y chones rojos, digo para que durante el año no falte ni amor ni dinero y que la ausencia de alguno la compense el otro, En algunas ocasiones se prepara la cena, pero con cena o sin cena, las 12 uvas no pueden faltar,  esas 12 uvas con las que casi nos atragantamos mientras esta la cuenta regresiva para decir Feliz año Nuevo! Y que mientras las tragamos (porque literal eso es lo que hacemos) pensamos en un propósito para enero, y quizá uno para cada mes.

Cada año es el mismo ritual, llega el 31 de diciembre y todos los hogares y aquellos supersticiosos hacen lo mismo cada año, los jóvenes, sobretodo aquellos a los que les gusta la parranda se alistan para ir a festejar a algún lado, para embriagarse y recibir bien el año, para bailar y conseguir ese beso, ese tan ansiado primer beso del 2011.

Todos o la gran mayoría dicen que año acabado y todo lo malo olvidado, yo digo que nadie lo olvida, y menos si te sucedió a unas horas de el año finalice, por lo menos yo a las 00:01 horas del 2011 aun lo tendré fresco en la memoria, y allí durar el resto del año.

Barrí mi casa para afuera, para de ese modo alejar las malas vibras, trapeé en la misma dirección, por si alguna se había quedado pues que se fuera ya, no se preparo cena, mis padres estaban trabajando y yo con la tonta ilusión de que festejaríamos la llegada del año como la familia feliz que pretendemos ser, que estaríamos en casa de mi prima esperando esa cuenta regresiva, ah pero que ilusa fui al creerlo.

19:00 PM del 31 de diciembre, mis ojos se llenan de lagrimas y corazón de rabia, cenaran hamburguesas y a mí quieren llevarme a casa de prima a celebrar con todos, por favor, si ni con mi familia directa me la paso bien, con los demás menos, de haber sabido que la pasaría sola, o que esa era su intención hubiera hecho algún otro plan, o les hubiera llorado por ese permiso para irme a Colima, que me negaron con tal sutileza, que cuando termine de decir –Me invitaron a pasar el 31 a Colima, cambiaron de tema.

Comienza el año, y para mi no porque comienza en sábado es bueno, lo comienzo llorando en mi habitación, escuchando a Guns and Roses , bebiendo coca cola y escuchando a mis papás quejarse de mi rebelde comportamiento, que si venían cansados del trabajo, que les conteste mal, que si que egoísta soy.

Ah, y por si eso no bastará mis vecinos tienen banda, ni como fumarse un cigarro, ellos no saben que lo hago, comienza el año y para mí, ni porque lo hace en sábado es bueno. Feliz Año Nuevo!!

jueves, 30 de diciembre de 2010

Crónica de un sueño


Me acosté, y después de dibujarlo en la oscuridad, de recordar sus ojos y anhelar sus labios, gire un poco, cerré los ojos y no supe más de mí.

Cuando el sol ya había salido y se colaba por  mi ventana, abrí mis ojos y los volví a cerrar, parecía como si fuesen imanes, acomode mis cobijas y comencé a soñar (supongo).  Habían transcurrido apenas unos cuantos minutos cuando tú, sin pensarlo te adentraste de nuevo en mi mundo,  pero en un mundo del que pocas veces soy conciente….

Yo estaba con tu hermana, en la plaza central de algún sitio, había un kiosco en el medio, bancas verdes,  y un viento tan helado que me hacía temblar; mientras bebía un café y entre lo nublado de mi vista, como un espejismo en el desierto apareciste tú, recorriste a paso lento esa distancia que nos separaba, tus pasos eran firmes y parecían dibujarse sobre los adoquines de aquella plazoleta. Cuando por fin llegaste, te sentaste a su lado, y mi presencia la ignoraste.

Llego una pequeña brisa que a mis ojos los obligo a cerrarse y cuando volvieron a su estado, tu madre estaba allí, bueno en realidad se estaba yendo y nosotros  rodeados de locales y aparadores, de maniquíes y gente. Pisos parecidos al mármol, puertas eléctricas y mucha publicidad. Recorrimos dos pasillos, ella y yo nos sentamos frente a una gran tienda de discos, tú llegaste y te sentaste junto a mí, preguntaste por nosotros (tú y yo) y yo ignore tu pregunta.

El aíre acondicionado de aquel sitio trajo consigo las notas de alguna canción, mis oídos reconocieron la melodía, y tu voz al unísono entono Mientes  del ex dúo Sin Bandera. Te volteé a ver y sonreí, enseguida pregunte si cantabas para ella, - ¿para quién? me preguntaste, - Para tu novia, respondí, y en ese momento tu cabeza encontró mi hombro y se postró sobre él, con mi mano comencé a juguetear sobre tus cabellos, justo como solía hacerlo antes, tú, tomaste mi mano y la dirigiste a tu mejilla, yo la acaricie, esa suavidad casi como terciopelo, me resulto tan familiar y al mismo tiempo tan extraña, fue como esa primera vez, como ese momento de soledad en aquella habitación con nuestra respiración agitada y nuestros cuerpos con sudor. El rosar tu piel, sentir tu cabello, mi reflejo en ti, todo fue nuevo.
Mis ojos se abrieron de golpe, y a pesar de que no estabas, tú, seguías en mi mundo, en ese del que pocas veces soy conciente.

Llenaste mi mente de nuestros abrumados recuerdos, de nuestros frenéticos momentos y de unos cuantos encuentros, ese sueño se torno tan real, que cuando mis ojos observaron la luz, por un instante pensaron que allí estabas tú.

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Sino es Disney es Hollywood

En Disney y sus historias hay princesas, brujas, príncipes, castillos y blancos corceles; en Hollywood, hay los mismo, princesas representadas por despampanantes rubias, los  problemas o calamidades en su transcurso de algún lugar de Estados Unidos a Nueva York fungen el papel de la bruja, los príncipes son mucho más apuestos que los de Disney, altos, de cuerpos esculpido, casi tallados a mano, con cada bisep y músculo formado por muchas horas de GYM y el corcel blanco es sustituido por algún automóvil clásico o algún deportivo y de vez en vez una motocicleta.


Durante la niñez creemos en la magia que surge efecto cuando el amor puro y verdadero de las parejas de Disney sale triunfante, en la adolescencia lloramos con las nuevas historias de princesas, príncipes y castillos que Hollywood nos presenta, soñamos con ese mariscal de campo y que nosotras somos aquellas porristas. Cambiamos la corona por un par de pompones, los vestidos largos y hampones por  cortas y ceñidas faldas y las zapatillas de cristal por altos tacones de aguja. Las mismas historias pero en diferentes contextos.

Yo nunca me creí princesa ni tampoco una rubia despampanante, pero sí quería encontrar a ese chico de músculos tallados a mano, no para poder vivir ese romance perfecto, sino, porque estaba buenísimo. Nunca creí que mi príncipe, si es que existe, llegaría en un corcel blanco y mucho menos en un deportivo rojo. En realidad, pocas veces idealice a un chico, pero nunca idealice mis relaciones, nunca creí en Disney, pero si he llorado con Hollywood, he querido convertirme en la excepción, un romance “Parecido al Amor”, un novio como Kevin O’Donnell o una vida como la de Jenna, en “Como si tuviera 30”.

Sino es Disney, es Hollywood, pero ambos nos cuentan historias de amor donde todo es perfección, son amores duraderos que superan todos los obstáculos, (creo que más que idealizar a al chico de nuestra vida, deberíamos de aprender a superar los problemas como lo hacen en esas películas). Pero sino es Disney, es Hollywood el que se encarga de recordarnos que las mujeres nacimos para enamorarnos y que si no somos princesas o rubias no tenemos historia. Quizá sea por eso que yo no suelo soñar con que algún día llegará  ese chico ideal.

Siempre me he preguntado qué se siente idealizar a un chico y una relación, el creerse princesa y tener un castillo en el aíre, pero lo que más pasa por mi cabeza es si algún día me dejaré vivir todas éstas cosas.
Nunca creí en Disney ni tampoco en Hollywood, nunca he creído que por ser rubia o una princesa tendrás una historia de amor exitosa, pero sino es Hollywood es Disney quien nos recuerda que si no eres princesa, y una princesa rubia, simplemente no tendrás ni pluma ni papel para escribir esa historia.

Yo por eso ni aplausos a Hollywood ni tampoco a Disney, porque no soy princesa, y mucho menos rubia, no busco al prototipo de chico ideal, a ese príncipe “azul”.  Pero yo si tengo pluma y papel, listos para escribir una historia, que no será ni de Disney, ni de Hollywood.

jueves, 23 de diciembre de 2010

Los 5 básicos



Cuando el ser querido ha exhalado por última vez , es ya esa ocasión en que sus ojos no se volverán abrir , sus horas de agonía ya terminaron.

Un amplio cuarto con sillones y mucha luz, tristeza se percibe en la atmosfera, resignación hay en los rostros, tragedia es lo que hay en vida.

Llegar a esas salas de velación, que para quien es dueño de una son verdaderas minas de oro, ya que de la muerte, es de lo único que nadie puede salvarse, puede resultar muy incomodo, encuentras gente que no conoces, caras largas y con lagrimas desbordando por el limite de sus ojos, otros con la mirada perdida, muchos parecen buscar por lo alto alguna buena explicación, yo por ejemplo creo que sólo se necesita aceptación. En un lugar cómo esos no hay calidez, todo es tan frío.


Pero… después de dar el pésame ¿qué se hace?? Da vueltas por mi cabeza lo que se tendría que hacer en una situación así, y más a 4 días de navidad, la perdida de alguien dolerá igual  si es a escasos días de festejar un nacimiento, y si no soy doliente directo, ¿cuál es mi papel? Por qué si para todo existen “reglas” para hacer esto o aquello en casi todas las actividades que hacemos, para un velorio no hay.
Dar el pésame y quedarse callado, es lo que mejor se puede hacer, escuchar aquel que quiera hablar, prestar tu hombro para el que quiera llorar, intentar dar consuelo, pero ¿qué papel juego yo? ¿Se podrá decir que fuiste invitado a la despedida de esa persona que hoy yace inerte en aquella caja, que a partir de ya, será su último recinto? Pues así me sentí yo, venía de celebrar, de pasar un buen rato y justo como un balde de agua helada en estas frías noches de invierno, sentía aquella noticia, Chava ha fallecido, me dijeron, enfermo de diabetes desde que yo lo recuerdo, amigo de la familia, viudo desde hace año y medio, y yo tenía sin verlo varios años.

Llegar aquel lugar, resulta más incomodo que si llegaras a cualquier otro lugar calzando los zapatos al revés, las miradas suelen centrarse en quien llega,  mi mirada sólo buscaba a alguien que me fuera familiar, algún amigo de mis papás, a los hijos de don Chava, a Chavita, ya que era al único que lograba recordar, pero por mi nublada vista, no lograba reconocer a nadie. Me acerque pegada a la falda mi madre, como hace muchos años no estaba, no desde que cumplí 8 años y me sentí grande, hasta ese entonces deje de esconderme detrás de mi mami, pero hoy, con 19 años y en aquella despedida lo volví hacer, escondida detrás de sus pantalones (porque hace mucho dejo de usar faldas) me acercaba a decir lo lamento a todos aquellos que ella se los decía.

La gente a mi alrededor no decía nada, estaba callada, casi tan inerte como don Chava.
Yo nunca he comprendido que es lo que se tiene que hacer en un funeral, pero creo que hay 5 cosas básicas que en todos, o al menos a los que yo he asistido por infortunio han sucedido.

1 Se llora. Familiares, amigos y a veces hasta desconocidos, lloran la perdida de esa persona que yace en aquel sitio sin poder decir nada, le lloran al cuerpo, porque para el espíritu hay otro ritual. El llanto purifica el alma y dicen que a veces calma, pero si de una perdida se trata el llanto viene a ser la única forma de desahogo.

2 Se reza. Éste es el rito para aquella alma que ha dejado su casa, un rosario seguido de otro, a veces en lapsos interrumpidos, otros de verdad seguidos uno, otro y otro,  rosarios colectivos, a veces independientes, en ocasiones cantados, otras en un silencio brutal, pero todo con la plena intención de que el alma descanse y llegue a la luz.

3 Se duerme. Después del llanto incontrolable, y de los rosarios sin fin, a muchos les da por dormir, sobre todo aquellos que están velando al difunto, sus familiares y amigos cercanos, de vez en vez cierran los ojos para descansar un poco, otros de plano lo hacen por horas, supongo que son aquellos menos allegados a la familia.

4 Se toma café y se comen galletas. Si se llevan niños, las galletas pronto se terminan, los adultos beben café como si éste se fuera a terminar en todo el mundo, no sé si lo hagan porque de verdad les gusta o porque es “gratis”.

5 La hora de distraerse llego. Después de mucho café supongo que quedan así, con ganas de distracción, ya no quieren rezar por lo que buscan hacer cualquier otra cosa, menos las que se deberían de estar haciendo, muchos cuentas chistes, otros juegan en sus teléfonos celulares, algunos se distraen con lecturas esporádicas y muchos prefieren tomar otra siesta.

-Don Chava, ya esta descansando, le decía mi mamá a una de sus hijas. – Ya dejo de sufrir por su enfermedad, y como decías que su muerte fue rápida, creo que fue bueno, ya que su agonía no se hizo mayor, ni tampoco el sufrimiento de ustedes como familia…

Mientras las palabras de aliento de mi madre salían desde lo más profundo de su ser, en la sala un olor masificado a flores logre percibir, teníamos ya cerca de 30 minutos, pero las coronas de flores no había desprendido su olor, sino hasta ese justo momento en que mi mami le decía “Dios no le da a nadie lo que no puede soportar”. Comencé a intentar reconocer el olor, de alguna de las flores, pero no era ni a rosas, ni a margaritas, mucho menos a gerberas,  olía a nardos, pero en aquella sala no había.


Acercarse a la caja para despedirse, no,  yo no lo hice, prefiero recordar a las personas joviales y con una sonrisa que aparentando estar dormidos, los ataúdes deberían de estar cerrados,  comenté, recordé que hace muchos años, la primera vez que llore después de no hacerlo por mi cupón, fue en el velatorio de mi abuelo, justo porque me acerque a verlo, supongo que era más morbo que nada, tenía escasos 10 años (creo), mi papá llego a retirarme y le dije, no está muerto, está dormido, pá, esta respirando, el vidrio está empañado, sácalo, no se murió; supongo que por eso nunca me acerco a ver a los difuntos y quizá por eso tampoco sepa que es lo que se tiene que hacer en un velorio.


Muchos dicen que prepararse para la despedida, yo digo que no hay despedidas, como te despides de alguien que ya no te escucha, que ya no siente, supongo que sólo se necesita resignación, porque de la muerte es de lo único que nadie se salvara, y los dueños de las funerarias podrán hacer fortuna, pero cuándo a ellos les toque morir, esa fortuna, no se ira con ellos.

sábado, 11 de diciembre de 2010

Dónde los muertos reviven

La isla de  Janitzio en Pátzcuaro Michoacán, el primero de Noviembre se llena de luces y los muertos reviven.


Decenas de lanchas parten desde el puerto ubicado a las orillas del lago de Pátzcuaro con destino a la isla de la Flor de Trigo (Janitzio).

El frío que hace durante esa temporada en el estado de Michoacán es abrumador, quema hasta en los huesos, abrigada con 3 chamarras y guantes, abordo una de las lanchas que me llevaría a disfrutar una de las mejores experiencias de mi vida.

El recorrido en la lancha no es mayor a 30 minutos, durante el recorrido se escuchan las voces de los pasajeros, uno de ellos lleva una guitarra y comienza la trova, entre el sonido de la guitarra, las voces de los pasajeros y el ruido que provoca la lancha sobre el agua, llegamos a Janitzio. Al mismo tiempo arriban a la isla muchas otras lanchas. Una vez que esta se ha detenido comenzamos a bajar y todos tomamos rumbos diferentes, quizá el hombre de la guitarra y yo no nos topemos de nuevo.
El frío que hace en el lugar me atormenta, pero se genera un calor primaveral cuando logro observar el tan tradicional baile de los viejitos, seguido del baile, algunos pescadores nos enseñan un poco de este arte tan peculiar (el de pescar); las ya también famosas redes en forma de mariposa hacen brillar aun más la isla.

Un recorrido por sus sonidos y no solo por sus espacios es lo que la isla te provoca a experimentar, entre música que tocan los oriundos de Janitzio, las notas arrastradas por el viento y las risas de los turistas, la isla se llena de magia y de vida, si de mucha vida.

Subiendo hacía la punta es imposible no visitar el panteón, que es dónde se vive la mayor fiesta, a este lugar lo rodea una atmosfera grisácea, esta cubierta por la niebla y por el peculiar olor a cempasúchil, la luz que hay en aquellas tumbas no es solo el reflejo de las bellas lunas de otoño, son las veladoras y el brillo de las miradas de los familiares que les rinden honores a sus muertos. Las flores de cempasúchil con su tan alegre color es lo que da vida entre los colores rosas y morados que hay sobre las tumbas, ofrendas de comida para los difuntos, cantos, oraciones y llantos, veladoras y miradas que se quedaran en vela cuidando el espíritu de sus difuntos; arte es lo que se aprecia sobre lo que para muchos es ya, su último recinto.

Al continuar la travesía por acender hasta lo más alto se observa a los nativos, a los turistas, el arte de aquellas cosas creadas por manos indígenas,  el aire frío se envuelve con el vapor que desprende de la comida típica, con ese olor que hace que te la imagines y que al verla sea aun más antojable, unas simples quesadillas se vuelven una pieza suculenta de arte.
Conforme se va subiendo resulta más difícil el llegar a la cima, los turistas, sobretodo los jóvenes, se aglomera en las partes más altas, unos para dejar la inspiración en el aire, otros para darse calor, muchos comienzan con la fiesta, pero todos quieren llegar a Morelos.

En la isla de  Janitzio, en Pátzcuaro Michoacán, el primero de Noviembre los muertos reviven. El hombre de la guitarra y yo, no nos volvimos a ver.

Sabía que no tenía que estar allí

Cuando vio aquel polvo por primera vez sintió miedo, entre la oscuridad que cubría aquella casa y la música que resonaba por los muros teñidos de un leve color grisáceo no sabía hacía dónde escapar.

Lagrimas caían por su rostro como gotas de lluvia en un tarde de verano, tenia el corazón oprimido, como cuando no puedes respirar, necesitaba un abrazo, alguien que la escuchara y le diera la razón, quizá ver una película romántica, una de esas clásicas hollywoodenses donde no hay príncipes ni princesas, pero si hay jugadores de futbol y porristas, donde siempre el amor sale triunfante, aunque a pesar de que no encajen en el contexto de la historia, hay una bruja que quiere arruinar la felicidad de esa  pareja perfecta, de ese hombre con los músculos casi tan duros como un muro hecho de concreto y la chica 90-60-90, sí en esas películas todo es perfecto.  Quizá necesitaba envolverse en ese falso mundo modernos de príncipes y princesas, un helado y seguir llorando.

Quedarse en casa era algo que no quería, se subió a esa moto ya que pensó que por algunos instantes olvidaría aquel mal trago que le supo como una cerveza caliente; es decir, horrible.

Tenía 15 años y la ilusión de su primer amor se había esfumado, el chico ideal con el que ya tenía 10 meses la había dejado por otra, por otra que desde su punto de vista no era más bonita que ella. Si bien, ella nunca se había quebrado por “amor” este chico le había hecho algo especial que la llevo a quebrarse en llanto y a perderse en un viaje, pero no precisamente en ese que pensaba que lograría hacer al subirse a aquella moto.

Una vez con el casco en la cabeza y con algo de velocidad de aquella Harley que parecía volar, con el viento en contra ya que azotaba en sus ojos ambos jóvenes se disponían a disfrutar de un rato agusto. Cuando llegaron a aquella vieja casona del centro de Guadalajara, una de esas de techos muy altos, con grandes ventanas, en las que abunda el frío y la oscuridad pensó que no debía de estar allí, pero, sin embargo lo estaba.

La música con sonidos electrónicos rebotaba como pelotas de frontón, en el lugar había una densa capa de humo que no dejaba ver muy bien lo que sucedía, un olor a marihuana que te  calaba hasta la garganta, en efecto, esa moto la había llevado a un lugar distinto, donde muy probablemente podría viajar, como muchos de aquellos jóvenes, algunos lo hacían en nubes de humo, otros en acido, éxtasis, y otros más con esas líneas blancas casi tan finas y rectas como el trazo de un buen arquitecto.

Pero, si de olvidar se trataba, algo de aquello serviría, eso era lo único que por pequeños instantes interrumpía con sus pensamientos de sería mejor estar en casa, quizá estaría más tranquila.

Un baso de tequila seguido de otro, luces que encendían y apagaban sin parar, marihuana en el aire, por la casa, aparte de un calosfríos que  era recurrente se sentía una vació muy grande, casi como el habían dejado en su oprimido corazón.

Una casona ubicada por la calle de independencia, con pisos viejos, cortinas sucias, música estresante, unas fotografías antiguas colgadas en sus muros de tono gris y un viejo reloj serían testigos de sus acciones.

Ella quería escapar y en ese polvo, que bien podría aparentar ser azúcar encontró el boleto de ida, le dijeron que lo hiciera rápido, que no importaba si no aspiraba todo, que lo importante era no desperdiciar y que la primera iba por parte de la casa, o sea que era gratis. Lo intento una vez y no logro resultado alguno, así que le regalaron una segunda línea, la cual, aspiro con mayor éxito, después de haber ingerido la mitad con una de sus fosas nasales fue por la otra parte que había dejado para hacerlo con aquella que no sentía enardecida, era cómo si tuviera un cerillo dentro de su enorme nariz, y al mismo tiempo hubiera tragado tierra, la garganta la sentía arenosa y también le quemaba, la quemazón se asemejaba un poco a esa sensación que deja el tequila cuándo lo tomas puro, así como dice Arjona, cuando lo tomas de golpe y sin pensarlo, pero, y ¿la cabeza? sentía que le iba a explotar, parecía como si ahora el cerebro palpitara y no el corazón, como si de repente se hubieran invertido los roles de estos dos órganos, que el cerebro la hiciera vivir y el corazón pensar, que viéndolo desde la lógica en su caso debería de poder ser así, ya que a su corazón es muy difícil que lo deje sentir .

Su corazón latía tan rápido que era como si quisiera salirse de su pecho. La música de repente cambio, se hizo lenta, las personas se movían de una forma extraña, era como si su cuerpo fuera elástico y al mover alguna extremidad ésta tardara largos minutos en regresar a su lugar.

Minutos después aquella tormenta de verano que caía por sus mejillas en pleno otoño ya había parado, iba por una tercera línea de aquellas blanquitas que provocaban que su cuerpo comenzara a experimentar unos cuanto bochornos, los colores se le subían al rostro y la temperatura de su cuerpo también se elevaba.

Cuando comenzó a marearse después de aquella cuarta raya de cocaína se preocupo, ¿qué tanto daño le estaría provocando ese polvo blanquecino? Al parecer más del que ella se podía imaginar, el alcohol que bebía era como agua, no alteraba su estado, sus nervios ya estaban bajo los efectos de la cocaína a tal grado que termino por seguir su instinto y se dejo llevar por esa temperatura que aumentaba cada segundo más y más, con esas melodías que ya no eran odiosas y habían dejado de rebotar en los muros. Después de la cuarta raya paso algunos minutos perdida en falsos placeres, pero ella, seguía en su viaje.

El casco lo coloco de nuevo en su cabeza el aire ya soplaba a su favor, todo era como Bunbury decía, ya no podía ir pero, sólo tenía que esperar a que el viento soplara a favor, se aferro a la cintura del que intentaba ser el nuevo príncipe, pero de verdad uno nuevo, él, era un chico malo.

Cuando salieron de esa vieja casa coloreada de gris, de techos altos, grandes ventanas, de fríos muros y oscuros rincones, recordó que en el momento que vio ese polvo sintió miedo y, para sus adentros repitió sabía que no tenía que estar allí.