Cuando el ser querido ha exhalado por última vez , es ya esa ocasión en que sus ojos no se volverán abrir , sus horas de agonía ya terminaron.
Un amplio cuarto con sillones y mucha luz, tristeza se percibe en la atmosfera, resignación hay en los rostros, tragedia es lo que hay en vida.
Llegar a esas salas de velación, que para quien es dueño de una son verdaderas minas de oro, ya que de la muerte, es de lo único que nadie puede salvarse, puede resultar muy incomodo, encuentras gente que no conoces, caras largas y con lagrimas desbordando por el limite de sus ojos, otros con la mirada perdida, muchos parecen buscar por lo alto alguna buena explicación, yo por ejemplo creo que sólo se necesita aceptación. En un lugar cómo esos no hay calidez, todo es tan frío.
Pero… después de dar el pésame ¿qué se hace?? Da vueltas por mi cabeza lo que se tendría que hacer en una situación así, y más a 4 días de navidad, la perdida de alguien dolerá igual si es a escasos días de festejar un nacimiento, y si no soy doliente directo, ¿cuál es mi papel? Por qué si para todo existen “reglas” para hacer esto o aquello en casi todas las actividades que hacemos, para un velorio no hay.
Dar el pésame y quedarse callado, es lo que mejor se puede hacer, escuchar aquel que quiera hablar, prestar tu hombro para el que quiera llorar, intentar dar consuelo, pero ¿qué papel juego yo? ¿Se podrá decir que fuiste invitado a la despedida de esa persona que hoy yace inerte en aquella caja, que a partir de ya, será su último recinto? Pues así me sentí yo, venía de celebrar, de pasar un buen rato y justo como un balde de agua helada en estas frías noches de invierno, sentía aquella noticia, Chava ha fallecido, me dijeron, enfermo de diabetes desde que yo lo recuerdo, amigo de la familia, viudo desde hace año y medio, y yo tenía sin verlo varios años.
Llegar aquel lugar, resulta más incomodo que si llegaras a cualquier otro lugar calzando los zapatos al revés, las miradas suelen centrarse en quien llega, mi mirada sólo buscaba a alguien que me fuera familiar, algún amigo de mis papás, a los hijos de don Chava, a Chavita, ya que era al único que lograba recordar, pero por mi nublada vista, no lograba reconocer a nadie. Me acerque pegada a la falda mi madre, como hace muchos años no estaba, no desde que cumplí 8 años y me sentí grande, hasta ese entonces deje de esconderme detrás de mi mami, pero hoy, con 19 años y en aquella despedida lo volví hacer, escondida detrás de sus pantalones (porque hace mucho dejo de usar faldas) me acercaba a decir lo lamento a todos aquellos que ella se los decía.
La gente a mi alrededor no decía nada, estaba callada, casi tan inerte como don Chava.
Yo nunca he comprendido que es lo que se tiene que hacer en un funeral, pero creo que hay 5 cosas básicas que en todos, o al menos a los que yo he asistido por infortunio han sucedido.
1 Se llora. Familiares, amigos y a veces hasta desconocidos, lloran la perdida de esa persona que yace en aquel sitio sin poder decir nada, le lloran al cuerpo, porque para el espíritu hay otro ritual. El llanto purifica el alma y dicen que a veces calma, pero si de una perdida se trata el llanto viene a ser la única forma de desahogo.
2 Se reza. Éste es el rito para aquella alma que ha dejado su casa, un rosario seguido de otro, a veces en lapsos interrumpidos, otros de verdad seguidos uno, otro y otro, rosarios colectivos, a veces independientes, en ocasiones cantados, otras en un silencio brutal, pero todo con la plena intención de que el alma descanse y llegue a la luz.
3 Se duerme. Después del llanto incontrolable, y de los rosarios sin fin, a muchos les da por dormir, sobre todo aquellos que están velando al difunto, sus familiares y amigos cercanos, de vez en vez cierran los ojos para descansar un poco, otros de plano lo hacen por horas, supongo que son aquellos menos allegados a la familia.
4 Se toma café y se comen galletas. Si se llevan niños, las galletas pronto se terminan, los adultos beben café como si éste se fuera a terminar en todo el mundo, no sé si lo hagan porque de verdad les gusta o porque es “gratis”.
5 La hora de distraerse llego. Después de mucho café supongo que quedan así, con ganas de distracción, ya no quieren rezar por lo que buscan hacer cualquier otra cosa, menos las que se deberían de estar haciendo, muchos cuentas chistes, otros juegan en sus teléfonos celulares, algunos se distraen con lecturas esporádicas y muchos prefieren tomar otra siesta.
-Don Chava, ya esta descansando, le decía mi mamá a una de sus hijas. – Ya dejo de sufrir por su enfermedad, y como decías que su muerte fue rápida, creo que fue bueno, ya que su agonía no se hizo mayor, ni tampoco el sufrimiento de ustedes como familia…
Mientras las palabras de aliento de mi madre salían desde lo más profundo de su ser, en la sala un olor masificado a flores logre percibir, teníamos ya cerca de 30 minutos, pero las coronas de flores no había desprendido su olor, sino hasta ese justo momento en que mi mami le decía “Dios no le da a nadie lo que no puede soportar”. Comencé a intentar reconocer el olor, de alguna de las flores, pero no era ni a rosas, ni a margaritas, mucho menos a gerberas, olía a nardos, pero en aquella sala no había.
Acercarse a la caja para despedirse, no, yo no lo hice, prefiero recordar a las personas joviales y con una sonrisa que aparentando estar dormidos, los ataúdes deberían de estar cerrados, comenté, recordé que hace muchos años, la primera vez que llore después de no hacerlo por mi cupón, fue en el velatorio de mi abuelo, justo porque me acerque a verlo, supongo que era más morbo que nada, tenía escasos 10 años (creo), mi papá llego a retirarme y le dije, no está muerto, está dormido, pá, esta respirando, el vidrio está empañado, sácalo, no se murió; supongo que por eso nunca me acerco a ver a los difuntos y quizá por eso tampoco sepa que es lo que se tiene que hacer en un velorio.
Muchos dicen que prepararse para la despedida, yo digo que no hay despedidas, como te despides de alguien que ya no te escucha, que ya no siente, supongo que sólo se necesita resignación, porque de la muerte es de lo único que nadie se salvara, y los dueños de las funerarias podrán hacer fortuna, pero cuándo a ellos les toque morir, esa fortuna, no se ira con ellos.