Desperté a las 8 de la mañana justo porque un rayo de sol hirió mis ojos con su taladrante resplandor. Escuche a mis padres terminar de prepararse para salir rumbo a ese lugar que por muchos años me ha hecho tener que verlos por las noches únicamente y que gracias a su dedicación, me han mantenido tantos años, si me refiero a ese que muchos llaman trabajo sólo porque alguien (sabrá Dios quién) se le ocurrió llamarlo así.
Me levante de la cama en el momento exacto que mis papás abandonaban la casa para subirse al Tsuru azul que me ha llevado a infinidad de lugares. Ah!, si ese condenado carro hablará.
Entre al baño y abrí la regadera, en mi cabeza sólo un pensamiento, mientras el agua del grifo caía como una tormenta en pleno verano y se iba por la coladera sin rastro alguno de jabón, me repetía a mis adentros ayer tenía que haber sido ese día especial para crónicar, sí, ayer era ese día.
Aún tenía en mí la sensación de vergüenza por haberme presentado a la clase de TTTV para hacer examen, aunque ni tanta vergüenza porque asistí. Minutos después de presentar aquella hoja con respuestas incorrectas partía rumbo a mi querida Guadalajara, aquella con la que engaño a mi novio todos los fines de semana, esa que en ocasiones aborrezco. Una travesía más como todos los viernes, conseguir el “raite” que me hará “ahorrar” los 70 pesos que ya me había gastado, la comida con Vargas, el ensayo de Chesire, si ayer era el día. Pero sin embargo tendrá que ser hoy, si hoy, no habrá ningún otro, me decía.
Tome mi baño ya tan rutinario de todas la mañanas, me cambie y comí algo rápido para después arreglar mi cuarto que era un desastre, esperando hacer el tiempo suficiente para ir a comer a la llegada de mi papá a la casa; y así lo hicimos. Carne en su jugo fue el menú del sábado, continuamos con unas compras “express” como postre y culminó con mi partida a la casa Chesire, o de Vargas que es lo mismo, lo que haría interesante mi día ya estaba por llegar.
Como siempre llegue tarde, con ese hombre jamás he podido ser puntual, si no llegó antes llegó después, pero nunca a tiempo, pobre, y aun sigue confiando en mi puntualidad pensé. Cuando entre en su casa lo encontré atareadísimo jugando con Goshca, el nuevo perro, y en el sillón la ví, su diminuta figura me hizo creer que era una broma, como aquella criatura podría cargar con el titulo de tatuador, sin embargo ella lo es.
Presentación formal, -Boo ella es Karen, -Karen, Boo. Y ella a lo que iba, me preguntó por el tamaño ideal, y comenzó a sacar sus instrumentos de trabajo, cuando saco la aguja, me asuste, era enorme, plasmo el diseño en un papel y después en mi espalada baja, inclínate hacía el frente, comenzaré ahora.
Sus guantes negros combinaban a la perfección con esas enormes botas que eran mucho más grandes que ella, esos guantes de látex negros que invadían con su peculiar olor a nuevo toda aquella habitación, y completaban su atuendo era lo que más llamó mi atención.
–Comenzaré ya, dijo de nuevo, y sentí el primer pinchazo, mi ceño se frunció y mis manos sudaron, los minutos pasaron y los pinchazos seguían, pregunte cuanto tardaría, -30 minutos a lo mucho, sonaba Vegas en el fondo para disimular el aterrador zumbido de ese aparato que producía esa quemazón en mi piel, esa inyección prolongada que vibraba me hacía sufrir más que aquel regaño único que me ha propiciado mi madre en mis casi 20 años de vida, ese raspón sin caída, ese ardor de los mil demonios, ya no soporto, ah!, no rellenes, ah!, me duele, ah!, ya no lo quiero, era lo que repetía en silencio, si sólo para mí.
Entonces Pink Floyd comenzó a sonar, de su boca escuche un ya casi está listo. Terminado, ahora no te muevas espera a que seque y después bajas tu blusa, me limpio con un algodón y un liquido extraño de color azul que no pregunte que era, espere y entonces dijo ya, -Vargas ya puedes ver le dijo, él entro sonrió y comento pensé que te escucharía llorar no eres tan “gay”, y después soltó una carcajada. Tómale una foto le pedí y en cuanto estuvo lista se la envíe a David, justo como lo había prometido desde el viernes, enseguida de ese realice otros dos envíos; me retire de la casa Chesire con una marca de porvida y 200 pesos menos.
Ocultando aquel compañero fiel llegue al trabajo de mi madre, mi papá me esperaba ya, iremos a cenar me indicó, moví la cabeza intentado hacerle saber que lo había comprendido.
El tatuaje me ardía, ay! como quema pensaba, intentaba no hacer gesto de dolor aunque de cuando en cuando una sonrisa de esas malvadas se me escapaba, era una de esas malvadas que se disfrutan porque dan felicidad, a pesar del secreto, si secreto, porque no es una mentira, que guardo para mis padres, me da la satisfacción de saber que tengo algo que me distingue de los otros, porque es sólo mi particular. Ellos no podrán comprender, no podrán evitar ese regaño seguido del sermón que se justificará con un porque te queremos te lo decimos, pero ya nada se puede hacer, lo hecho hecho está, escucharé mismo sermón que con aquella primera perforación.
Llegamos a casa, subí corriendo a quitarme el pantalón que tanto me atormentaba, me puse mi pijama y me dormí, me dormí con una sonrisa, como hace mucho tiempo no lo hacía.
Ana Karen Pérez.
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